Análisis de ARK: Survival Evolved

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Versión analizada Nintendo Switch. Copia física proporcionada por Koch Media.

La última consola de Nintendo no solo ha cuajado entre la comunidad, también ha caído en gracia entre los desarrolladores. Y éstos, mañosos a la hora de versionar sus títulos, no dudan en adaptar sus títulos más rimbombantes aunque a la consolita le cueste la misma vida moverlos. Porque, como sabemos, por muy cool que sea, no es una máquina pensada para los 4K y efectos de todo tipo. Lo hemos visto con Doom o Wolfenstein II, juegos que en un principio nunca hubiesen formado parte del catálogo de la consola y que gracias a mucha maña y alguna decisión cuestionable como las enormes descargas complementarias de datos, están disponibles para los usuarios de la consola. Ahora le toca a ARK: Survival Evolved, el morrocotudo juego de Studio Wildcard que se ha pasado media vida (suya) en acceso anticipado y que una vez terminado, no ha parado de crecer y de mejorarse. Un juego pensado para PC que ha costado lo suyo adaptar a las consolas más potentes … y ahora llega a Switch. ¿Los encargados de tal proeza? Abstraction Games, los mismos que consiguieron hacer la versión de PlayStation 4 en su momento.

Vale, ya hemos dejado claro que se trata de un juego de PC, que se ha adaptado a las otras consolas de sobremesa y que el juego requiere de muchos requisitos para funcionar medio bien, pero… ¿de qué va ARK: Survival Evolved? Pues estamos ante un Minecraft 2.0, un juego de mundo abierto en el que llegamos casi desnuditos y en el deberemos craftear para sobrevivir todo lo posible. Ya sabéis, acumular madera, piedra y toda clase de recursos naturales al principio para construir todos los enseres y objetos que nos puedan garantizar cobijo y supervivencia. A partir de ahí, tocará cazar y elaborar productos más elaborados mientras desbloqueamos más y más posibilidades. Todo eso en un mundo lleno de tecnología y dinosaurios que pueden acabar con nosotros de un par de dentelladas. Para más detalle, basta con acceder al análisis que hicimos en su día de ARK: Survival Evolved y al que podéis acceder pinchando en el vínculo.

Ahora vamos a hablar de la versión de Nintendo Switch, y tenemos que decir que, en cuanto a lo que nos propone, es todo lo que había en las versiones ya comercializadas. Se mantiene tanto la posibilidad de jugar en solitario como la de unirnos a los servidores para entrar en las dos variantes disponibles (PVP o PVE) y en la zona del mapa (marcadas con la dificultad que suponen) en donde queremos arrancar. También tendremos el editor de personajes para que jugueteemos con sus variables a nuestros antojo, y todo esto bajo la misma interfaz que ya conocemos de versiones precedentes. Quizás aquí encontraremos la primera tara, toda la presentación huela a PC que tira de espalda, por lo que quizás el juego sería mucho más amigable si se hubiera adaptado de otra forma a consolas en lugar de plantarlo casi tal cual fue concebido. Hay que reconocer que no hemos echado de menos nada en cuanto a contenido se refiere, algo sorprendente si tenemos en cuenta que el tamaño de los datos guardados en nuestra consola (actualización más el progreso que llevemos) no supera los dos gigas de almacenamiento si tenemos el título en versión física (el tamaño del juego en digital es oficialmente 10518,27 megas según la web de Nintendo).

De acuerdo, está todo. Estupendo. Ahora toca hablar del rendimiento. Y ocurre lo que pensábamos, se han sacrificado modelos, texturas y detalles para que el juego funcione. Y funciona, le cuesta horrores, pero funciona. El juego tarda lo indecible en cargar hasta que podemos movernos (igual que en las otras versiones), las texturas se ven iguales que cuando se me empañan las gafas y el popping es tan constante, arbitrario y continuo que creeremos que estamos en una alucinación de la isla de la serie Perdidos. Y todo esto con el juego en el dock para verlo en un pantalla grande, cuando jugamos con la consola en modo portátil el resultado es aún peor. No creemos que el juego pueda cambuar drásticamente mediante actualizaciones, el problema está en la misma raíz de la adaptación, al querer que estemos en un entorno abierto, conectados a los servidores en línea, con otros jugadores pululando, con dinosaurios a sus anchas y todo eso en una consolita más fina y pequeña (sin los Joy-Cons) que una “moleskine”.

Nadie debería pensar en ARK: Survival Evolved para Nintendo Switch si quiere una experiencia como la que ofrecen las versiones de PC o las otras consolas. Switch hace lo que puede, si el juego ya resultaba tosco en las otras máquinas, en su paso a Switch esas limitaciones técnicas se agravian enormemente hasta el punto que abruman. Pero creo que todos los jugadores que piensen explorar el mundo de ARK: Survival Evolved en su Switch, lo que quieren es jugarlo en cualquier sitio, domesticar dinosaurios y construir fortalezas sin importarle que se vea mal o que petardee de lo lindo cuando los elementos se multiplican en pantalla. No será la mejor versión posible, eso desde luego, pero es el precio de disfrutar de la versión seria de la serie ARK. Ya llegará PixARK en un futuro para competir con Minecraft y Dragon Quest Builders, títulos que apuestan por el “crafteo” intensivo pero con una apariencia mucho más laxa y simple. Todo lo sacrifica, lo emplea en ser fiel a las otras versiones. Si estás de acuerdo con eso, encontrarás la misma experiencia de juego, es un precio que hay que pagar por disfrutar exactamente de lo mismo en la palma de tu mano.

Esta versión mantiene todas las características del juego original.

En lo técnico, el juego le queda grande a la consola.

Ya petardeaba en consolas más potentes, y ahora petardea en cualquier sitio que lleves tu Switch. A cambio, te hartarás de dinosaurios y de craftear.

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Análisis de
ARK: Survival Evolved