Análisis de Pillars of Eternity II: Deadfire

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En nuestras impresiones de la beta de

Pillars of Eternity 2: Deadfire

, ya comentábamos que la esperaba estaba resultando demasiado larga; que teníamos ganas de hincarle el diente a la suculenta secuela del

Pillars of Eternity

original. Finalmente, llegó el día; el pasado 8 de mayo se estrenó la sobresaliente nueva creación de

Obsidian

, y después de dedicarle un buen número de horas a nuestras aventuras por las aguas tormentosas del

Archipiélago de la Llama Extinguida

, podemos asegurar que cumple toda expectativa. Por consiguiente, con la lente prístina de nuestro catalejo, las velas izadas abrazando el viento insular, y la tripulación ansiosa y perfumada con el aroma del ron, nos disponemos a desglosar todas nuestras experiencias en el fantástico mundo que nos presenta

Pillars of Eternity 2: Deadfire.

Sin lugar a dudas, el aspecto más destacable dentro de la interminable lista de virtudes de

Deadfire

es la elaboración de su profunda trama y de un maravilloso universo, procesos que llevan siendo trabajados con absoluta diligencia desde la primera entrega. Así, nos encontramos con un resultado que es producto de incontables horas de trabajo, de inspiraciones múltiples, algo que ya se podía entrever en primera instancia, pero que se confirma plenamente en la secuela:

Pillars of Eternity

no solo fue un sobresaliente juego de rol, sino que fue el paso introductorio hacia algo mucho mayor, hacia un mundo vivo, profundo y complejo, que avanza tanto con nuestras decisiones como con el propio devenir de los sucesos que acontecen. El universo en el que nos introduce

Obsidian

está lleno de elementos de contextualización; de fechas, vivencias, personajes, encuentros e historias, que nos sumergen en una nueva realidad gracias a sus excepcionales cualidades narrativas. Es, en otras palabras, una ficción de calidad que atrapará al jugador, especialmente a aquellos devoradores de fantasías escritas.

Precisamente por los motivos anteriormente expuestos, nos encontramos ante un título que se disfruta más cuanto mayores sean nuestros conocimientos de la anterior entrega, debido a que nuestras desventuras y decisiones pasadas tendrán un efecto inmediato, a veces inalterable, en nuestras nuevas andanzas. Para ello, contamos tanto con la posibilidad de importación de partidas guardadas de Pillars of Eternity, como con un sistema de creación de elecciones que nos permitirá configurar distintos parámetros, una herramienta de valor incalculable para aquellos jugadores que no pudieron disfrutar de la entrega original. No obstante, algunas cosas siguen quedando en el aire, y el jugador inexperto no podrá sino hallarse en una situación donde abundan las elecciones y faltan las explicaciones, algo que podría llegar a desvirtuar sus primeros pasos y a dificultar su avance o interés.

La historia en Deadfire, eso sí, tiene siempre unas bases en común; la destrucción de nuestra fortaleza de Caed Nua por culpa del advenimiento de Eothas, el dios del renacimiento y la luz -entre un sinfín de cosas-, que sumirá a nuestro protagonista en un estado catatónico. Tras recobrar la conciencia, habrá de perseguir a la deidad por el mundo, en un desesperado intento de recuperar su alma y averiguar sus intenciones. Exceptuando esta sinopsis un tanto general, evitaremos entrar en más detalles debido a la mencionada gran importancia de la trama en el título, pero cabe destacar que los matices deíficos, así como las intrigas políticas y el ocultismo, se mantienen con gran vitalidad como temas recurrentes en la historia, y evidencian, a grosso modo, el contraste del mundo espiritual con el mundano; una disputa jerárquica que enfrenta y vincula eternamente a dioses y seres humanos.

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