Análisis de Yoshi’s Crafted World

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Versión analizada Nintendo Switch. Copia digital proporcionada por Nintendo.

Por fin Yoshi está en la última consola de Nintendo. Bueno, ya estaba, como luchador, corredor de karts y jugador de tenis… pero nosotros queríamos verlo con toda su panda de colorines amigos y en su salsa, saltando y lanzando huevos a diestro y siniestro. Finalmente su título en solitario recibe el nombre de Yoshi Crafted World, y podemos anticipar que sigue la estirpe de su anterior aventura para Wii U y Nintendo 3DS, Yoshi’s Woolly World y Poochy & Yoshi’s Woolly World respectivamente, pero cambiando que todo esté hecho a base de lana con que todo esté hecho con material de manualidades. Vaticinamos que que el siguiente título protagonizado por el alegre dinosaurio todo estará recreado con plastilina o arcilla. Al tiempo.

Eso sí, el argumento que hilvana la sucesión de niveles en este plataformas en dos dimensiones no es muy allá. Kamek y Baby Bowser están merodeando la isla de los Yoshi de colores, por aquello de que hay un sol inscrustrado en una roca capaz de conceder deseos. La aparición de estos dos villanos provocará que las cinco gemas del infinito que rodean al citado sol y que le confieren su poder terminan desperdigadas por todo el mundo. Curiosamente, para llegar a cada una, los Yoshi deberán superar los niveles de forma secuncial y enfrentarse a los jefes finales para lograr recuperar las joyas, nada de ir directamente a donde cayeron por mucho que aparezcan en el mapa. Nosotros les acompañaremos, por supuesto, pero por el camino conoceremos a Cartúñez, un divertido personaje hecho de (atención spoiler) cartón que nos amenizará el recorrido con sus chanzas y sus retos.

Prueba gráfica de que Yoshi consigue sacarse un billete en la web de Renfe.

Uno de los puntos fuertes de Yoshi Crafted World es su concepción gráfica, los personajes parecen peluchitos mientras que los escenarios están construidos a base de enseres de manualidades. Tubos de cartón, trozos de cuerda, cartulinas, latas de refresco… cada una de las fases que visitará Yoshi tendrá su trasfondo, pero estará compuesta con elementos que emplearían unos niños para hacerse una maqueta para sus juguetes. Ya hemos visto cosas parecidas en otros juegos, como en otras aventuras de Yoshi, en los mundos hechos de lana que visitó Kirby, también en Tearaway Unfolded y en Little Big Planet, aquel editor-plataformas que tantísimo revuelo formó en otras consolas hace años. Este peculiar diseño incide directamente en la jugabilidad al proponer un nuevo punto de vista para el jugador, después de superar cada fase, podremos hacer una carrera contra el crono desde la meta hast el inicio, como si el escenario estuviese en una mesa y nos pusiéramos en lado contrario para volverlo a superar.

Pero que nadie se lleve a engaños, Yoshi sigue fiel a su particular forma de entender un plataformas en dos dimensiones desde que le quitara el protagonismo a Mario en Yoshi’s Island. Nos referimos a patalear en el aire para ganar un impulso adicional con cada brinco y a lo de tragarse a los enemigos para “generar” un huevo que puede lanzar a donde le parezca. Estas dos cositas se complementan con el culazo típico de la casa (al pulsar el botón de “agacharse” si estamos en el aire) y a la posibilidad de ir al fondo (o al frente) del escenario si el camino lo permite. Los versados en las lindes del salto en este tipo de entuertos no tendrán problemas, pero Nintendo ha pensado también en los menos hábiles de la casa (tengan la edad que tengan), ya para ellos se ha incorporado la posibilidad de jugar durante el tiempo que queramos en un modo muy sencillo (se llama “relajado” así que imagina) en el que no tendremos que preocuparnos ni de los saltos gracias a las alitas que nos permiten volar cuando queramos o de que los enemigos apenas nos quitan vida de nuestro marcador. Las monedas que conseguimos en los niveles pueden canjearse por unos trajes/armaduras hechas con cartón que nos protegen de los golpes de los enemigos. Cuanto más raro el traje, más nos protege, aunque en realidad los utilizaremos por pura coquetería. Son muy muy monos.

La forma que tiene Nintendo de ampliar las horas de juego en este tipo de títulos es “invitándonos” a rejugar los mismos niveles varias veces. Para empezar, antes de cada nuevo recorrido sabemos que debemos encontrar todas las margaritas que hay escondidas, todas las monedas rojas y que la cantidad de salud de nuestro indicador (en el modo normal) sea máxima. Hasta ahí correcto. Uno puede detenerse a rebuscar mientras prueba a tirarle huevos a todo lo que veamos para conseguirlo. Lo malo es cuando cruzamos la línea de meta, nuestro amigo Cartúñez (o un familiar suyo) nos pide encontrar “algo” en el escenario que acabamos de terminar, una manualidad que podremos haber visto y hasta golpeado, por lo que tocará recorrerlo de nuevo para conseguirlo. La historia es, si quieres que dispare huevos a cinco vacas y ya lo he hecho en la primera partida, no me obligues a repetir solamente por eso. En Captain Toad: Treasure Tracker, si cumplimos el objetivo secreto sin saberlo, nos lo dan por bueno. Al menos, al conseguir lo que estemos buscando, nos darán la opción te terminar justo ahí el nivel… pero es más que probable que luego Cartúñez nos pida otra cosa más. Y otra vuelta más, después de hacer esto, accedemos al recorrido inverso desde el otro punto de vista del nivel (ahora iríamos de derecha a izquierda y vemos la parte del escenario posterior) en una carrera cronometrada mientras buscamos cachorros de Poochi, la mascota de la mascota.

Thanos tardó menos en conseguirlas y no le obligaron a repetir niveles.

Ya hemos dicho que el diseño es muy cuqui, pero queremos recalcarlo, la imaginación para crear cada uno de los niveles a base de cartón es una maravilla. Además, muchas partes parecen que están coloreadas con ceras, lo que le aporta un acabado más real todavía. Estamos ante uno de los títulos más coloridos y que mejor rollo transmiten en lo que va de año. Pero no es purpurina todo lo que brilla. Yoshi Crafted World cuenta con una resolución bajísima. Y no nos referimos al efecto que desenfoca la parte de atrás del escenario para darle relevancia a la parte delantera. Nos referimos a que el juego no llega a los 720p de definición cuando lo jugamos conectado al dock (675p es el máximo al que llega). Si en lugar de en la tele, optamos por jugar en la pantalla de la consola, la cosa se queda entre los 396p y los 495p, cantidades austeras para un título de primera línea de la casa. Estamos en uno de esos casos en el título destaca en el diseño, pero a la hora de valorarlo como se merece, la falta de definición y los dientes de sierra terminan por empeorar el resultado. Si son ciertos los rumores de una Switch Pro o una Switch X, éste sería uno de esos títulos con los que comprobar la mejoría. El audio, se mantiene como siempre, melodías muy alegres y sonidillos para los personajes con el inefable ¡Yoshi! que dice Yoshi cada vez que le salen las cosas medio bien.

Yoshi Crafted World no es el mejor juego de Yoshi, pero le llega para ser un buen juego de Nintendo Switch. Lo malo es que hay muchas alternativas del mismo palo en la consola, y tanto Kirby Star Allies como Captain Toad: Treasure Tracker resultan más llamativos en cuanto a originalidad y prestaciones. Pero Yoshi compite en igualdad de condiciones con todos ellos, por lo menos en cuanto a la posibilidad de jugar junto a un amigo. Nintendo Switch abandera la idea de pasarle un mando (Joy-Con en este caso) a quien tengamos al lado para que se una a nuestra partida, y en este juego esa posibilidad está contemplada con un cooperativo para dos jugadores. Yoshi se ha quedado a la sombra de Mario, pero al menos esa sombra da para títulos la mar de entretenidos para todo tipo de público.

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Yoshi’s Crafted World